Sudán: seis cascos azules mueren en ataque contra campamento de la ONU

Publicado el 13 de diciembre de 2025, 10:36

Foto de archivo de paramilitares sudaneses membros de las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR) en Sudán, el 15 de junio de 2019.

Al menos seis cascos azules de Bangladesh murieron el sábado 13 de diciembre cuando su campamento en el sur de Sudán fue blanco de un ataque con drones, informó la fuerza de mantenimiento de la paz de la ONU en la región.

Bangladesh y las Naciones Unidas condenaron el ataque, ocurrido en Kadougli, capital de uno de los tres estados de Kordofán, una región asediada por los paramilitares de las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR).

El gobierno sudanés, alineado con el ejército, atribuyó el ataque a las FAR, acusación que el grupo paramilitar negó.

La Fuerza de Seguridad Provisional de las Naciones Unidas para Abyei (Fisnua) confirmó que el campamento de la misión en Kadougli, situado a unos 200 kilómetros de Abyei, fue atacado con drones.

«Seis soldados murieron y otros seis resultaron heridos, cuatro de ellos de gravedad», indicó la Fisnua a un corresponsal de la AFP, precisando que todas las víctimas eran de nacionalidad bangladesí.

El Ministerio de Asuntos Exteriores de Bangladesh condenó “firmemente” el ataque y solicitó a la ONU que garantice una atención médica adecuada a los militares heridos.

En un comunicado, el líder interino de Bangladesh, Muhammad Yunus, expresó que estaba «profundamente entristecido» por lo ocurrido.

Por su parte, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, calificó el hecho como un «horrible ataque» y reiteró su llamado a los beligerantes a poner fin inmediato a las hostilidades, según un comunicado oficial.

La extensa región de Kordofán conecta las zonas controladas por el ejército en el norte, este y centro del país con Darfur, en el oeste, que pasó completamente bajo control de las FAR a finales de octubre.

Kadougli, capital de Kordofán del Sur, permanece sitiada por los paramilitares desde hace aproximadamente un año y medio. A principios de noviembre, las Naciones Unidas declararon el estado de hambruna en la ciudad.

Multiplicación de los ataques con drones

Una fuente médica del hospital de Kadougli también confirmó seis fallecimientos como consecuencia del ataque.

Testigos contactados por la AFP relataron que drones atacaron la sede de la ONU en el centro de la ciudad.

Un video difundido por las fuerzas armadas sudanesas en su cuenta de Facebook muestra dos densas columnas de humo negro elevándose desde distintos puntos de la base de la Fisnua, donde también se observan llamas.

El Consejo de Soberanía, encabezado por el general Abdel Fattah al-Burhane, jefe del ejército, calificó el ataque como una «escalada peligrosa».

El primer ministro sudanés, Kamil Idris, responsabilizó en un comunicado a «la milicia terrorista rebelde», en referencia a las FAR, e instó a la ONU a tomar medidas firmes y llevar a los responsables ante la justicia.

En respuesta, las FAR rechazaron en un comunicado publicado en Telegram lo que calificaron como “acusaciones infundadas”.

Ese mismo sábado, el grupo paramilitar negó categóricamente denuncias de abusos contra civiles en Darfur, tras la toma de la ciudad de Al-Fashir a finales de octubre.

El Reino Unido anunció el viernes sanciones contra cuatro comandantes de las FAR, incluido su segundo al mando, acusados de ser responsables de atrocidades cometidas durante el conflicto.

Asimismo, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) expresó el viernes su «profunda preocupación» por el aumento de la violencia en Kordofán, especialmente en Kadougli.

La Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA) afirmó estar «alarmada» por la «brutal escalada de la violencia» en la región, advirtiendo que la multiplicación de los ataques con drones incrementa el riesgo para la población civil.

La guerra en Sudán, iniciada en abril de 2023, ha dejado decenas de miles de muertos y ha desplazado a millones de personas, generando lo que la ONU describe como la peor crisis humanitaria del mundo.

La Fisnua cuenta con aproximadamente 4.000 militares y policías, encargados, entre otras funciones, de proteger a los civiles en la región de Abyei, una zona fronteriza rica en petróleo donde los enfrentamientos son frecuentes.

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