Europa intensifica su presencia en Groenlandia en medio de tensiones geopolíticas con Estados Unidos

Publicado el 15 de enero de 2026, 22:18

Nuuk, Groenlandia — 15 de enero de 2026. La estratégica isla ártica de Groenlandia, territorio semiautónomo del Reino de Dinamarca, se encuentra en el centro de una de las situaciones más delicadas de la geopolítica internacional de este año. Lo que comenzó como un interés renovado de Estados Unidos por el control de la isla ha evolucionado en tensiones abiertas con aliados europeos, la intensificación de la presencia militar en la región y un despliegue sin precedentes de tropas europeas en una operación conjunta que pone de manifiesto la importancia creciente del Ártico en la seguridad global.

Un telón de fondo estratégico: ¿por qué Groenlandia importa?

Groenlandia, con sus vastos recursos naturales —incluidos minerales críticos como tierras raras— y su posición geográfica en el Ártico, ha despertado en los últimos meses la atención de gobiernos y estrategas militares de todo el mundo. La isla alberga bases clave y se encuentra próxima a rutas estratégicas de defensa entre Norteamérica y Europa, lo que la convierte en un punto clave para la proyección de poder en el Ártico.

En 2025, el presidente estadounidense Donald Trump reavivó su interés por Groenlandia, proponiendo públicamente la adquisición del territorio —una idea que ya había sido rechazada rotundamente por el gobierno danés y autoridades groenlandesas por considerarla contraria al derecho internacional y a la soberanía del pueblo groenlandés.

Fracasó la reunión diplomática en Washington

El reciente punto de inflexión fue una reunión el 14 de enero en Washington, en la que altos representantes de Estados Unidos —incluyendo al vicepresidente JD Vance y al secretario de Estado Marco Rubio— se encontraron con los cancilleres de Dinamarca y Groenlandia para discutir el futuro de la isla. Tras aproximadamente 50 minutos de conversaciones, no se alcanzó ningún acuerdo sustancial: las diferencias fundamentales entre las partes —especialmente la insistencia estadounidense en aumentar su influencia sobre la isla— siguen sin resolverse. En respuesta, ambas partes acordaron constituir un grupo de trabajo para abordar sus discrepancias de forma técnica y continua.

El gobierno danés considera que la postura de Trump —aunque expresada en términos diplomáticos— no ha cambiado de fondo, y sigue considerando que cualquier intento unilateral de alterar el estatus político de Groenlandia es inaceptable.

Europa responde con despliegues militares

Ante esta situación y “para reforzar su compromiso con la seguridad en el Ártico”, varios países europeos han iniciado el despliegue de tropas a Groenlandia en lo que distintos gobiernos describen como ejercicios conjuntos y presencia aliada. Francia, Alemania, Suecia y Noruega fueron los primeros en movilizar efectivos para reforzar la seguridad en el territorio junto con Dinamarca.

Estos movimientos forman parte de lo que algunos gobiernos han denominado “Operación Resistencia Ártica”, una serie de actividades de entrenamiento y presencia militar en condiciones árticas, con el objetivo de demostrar solidaridad aliada y capacidad de operar en entornos extremos —no exclusivamente como una respuesta directa a Estados Unidos, sino también como parte de una estrategia de defensa común.

Dinamarca fortalece su residencia militar en la isla

Dinamarca, que mantiene la responsabilidad de defensa y relaciones exteriores de Groenlandia, ha incrementado de manera considerable su presencia militar en el territorio. Las autoridades danesas han enviado no solo unidades en tierra, sino también barcos, aeronaves y otras capacidades logísticas para consolidar su operatividad en la región. El Ministerio de Defensa danés subraya que estos movimientos buscan garantizar un reforzamiento de las capacidades de seguridad tanto para Europa como para la defensa transatlántica en conjunto con la OTAN.

La OTAN en el Ártico: unidad y desafíos

La presencia militar europea en Groenlandia se enmarca en una lógica de cooperación dentro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), a la cual Dinamarca pertenece junto con Estados Unidos y otros aliados. Aunque la soberanía de Groenlandia es parte del territorio danés bajo la alianza, la cuestión ha puesto a prueba la cohesión interna de la OTAN y planteado preguntas sobre la estrategia común en el Ártico.

La intervención de países europeos que tradicionalmente han dependido de Estados Unidos para su defensa, como Francia o Alemania, evidencia una voluntad de reforzar la presencia europea en zonas estratégicas y de mostrar apoyo a Dinamarca frente a cualquier intento unilateral de alterar el statu quo sin el consenso de todos los miembros.

La postura estadounidense y la respuesta europea

Mientras tanto, desde la Casa Blanca se ha señalado que la posición de Trump sobre Groenlandia sigue siendo un tema de interés estratégico, aunque Estados Unidos insiste en que no busca un conflicto con sus aliados ni una ruptura de la OTAN. Sin embargo, la insistencia en mantener opciones abiertas —incluso la posibilidad de adquirir el territorio— ha generado preocupación entre líderes europeos, que ven la región como un punto de cooperación y seguridad conjunta.

En respuesta, representantes de la Unión Europea han recordado que Groenlandia está cubierta por la cláusula de solidaridad del Tratado de Lisboa, lo que implica un compromiso de apoyo mutuo si su integridad territorial se ve amenazada.

Un punto de inflexión en el Ártico

La situación en Groenlandia es, a la vez, símbolo de los nuevos retos geopolíticos del siglo XXI y un punto de tensión concreto entre potencias con intereses estratégicos en el Ártico. La combinación de recursos naturales, capacidad militar, presencia de aliados y la historia de soberanía danesa configura un escenario complejo que podría definir la seguridad en esta región durante décadas.

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