El presidente Luis Abinader afirmó en Dubái que República Dominicana es “uno de los países más seguros de la región”, una declaración realizada en el marco de la Cumbre Mundial de Gobiernos, donde el país fue presentado como ejemplo de fortalecimiento institucional, crecimiento económico y estabilidad social. La afirmación, pronunciada ante líderes políticos, organismos multilaterales y actores del sector privado internacional, forma parte de una estrategia discursiva que busca consolidar la imagen de la nación como destino confiable para la inversión, el turismo y la cooperación internacional.
Seguridad como capital político del gobierno
El discurso del mandatario se inscribe en una línea narrativa que su administración ha impulsado desde 2020: la seguridad ciudadana como uno de los principales logros de gestión. En distintos escenarios, el gobierno ha destacado la reducción de ciertos indicadores delictivos, el fortalecimiento de la Policía Nacional, la reforma del sistema de justicia y el combate a la corrupción como pilares de una nueva institucionalidad.
En Dubái, Abinader vinculó la seguridad con la confianza ciudadana y el fortalecimiento democrático, sugiriendo que la estabilidad del país es resultado de reformas estructurales y de una gobernanza basada en transparencia y legalidad. En términos políticos, la afirmación no solo busca reconocimiento internacional, sino también consolidar una narrativa interna de éxito gubernamental.
Entre la percepción internacional y la realidad local
La declaración presidencial abre un debate inevitable entre la percepción proyectada hacia el exterior y la experiencia cotidiana de la población. Si bien República Dominicana ha mostrado avances en indicadores económicos y en ciertos ámbitos de seguridad, el país continúa enfrentando desafíos estructurales relacionados con criminalidad, desigualdad social, migración irregular y capacidad institucional.
Organismos internacionales han reconocido mejoras en índices de gobernanza y transparencia, pero también señalan la persistencia de problemas vinculados a la violencia urbana, el narcotráfico y la presión migratoria en la frontera con Haití. En ese contexto, la afirmación de Abinader puede interpretarse como una síntesis política que prioriza la narrativa de progreso frente a un panorama más complejo.
La seguridad como estrategia de posicionamiento internacional
Más allá del debate interno, la declaración del presidente responde a una lógica geopolítica y económica. Presentar a República Dominicana como uno de los países más seguros de la región fortalece su atractivo como destino de inversión extranjera, centro logístico del Caribe y plataforma turística. La seguridad, en este sentido, se convierte en un activo estratégico que compite con otros países latinoamericanos en un contexto de incertidumbre regional.
En foros internacionales como la Cumbre Mundial de Gobiernos, los discursos presidenciales no solo describen realidades, sino que construyen relatos que buscan influir en la percepción global. La intervención de Abinader en Dubái se inscribe en esa dinámica: proyectar estabilidad, institucionalidad y confianza como elementos diferenciadores del país.
El desafío de sostener la narrativa
La afirmación de que República Dominicana es uno de los países más seguros de la región plantea un desafío político y estructural. La credibilidad de esa narrativa dependerá de la capacidad del Estado para consolidar políticas públicas sostenibles, reducir las brechas de seguridad entre territorios, fortalecer la institucionalidad y responder a las demandas sociales.
En ese equilibrio entre discurso y realidad se define el verdadero alcance de la declaración presidencial. Más que una frase pronunciada en un escenario internacional, se trata de una apuesta política: convertir la seguridad en un pilar duradero del proyecto de país y no solo en un argumento de posicionamiento global.
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